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Asociación civil provoca daños irreversibles en 52% de zona arqueológica de Isla Espíritu Santo: INAH

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El Instituto Nacional de Antropología e Historia señaló en un reporte que la organización "Ecología y Conservación de Islas AC" dañó permanentemente la mayor parte de objetos arqueológicos ubicados en la zona conocida como Ensenada El Gallo.

Martes 9 de octubre del 2018

Durante el segundo semestre del año 2016, el gobierno federal encomendó a una asociación civil la erradicación de fauna nociva en la Isla Espíritu Santo, en Baja California Sur, catalogada como Área Natural Protegida por las autoridades mexicanas, y como patrimonio natural de la humanidad por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Al respecto, el Instituto Nacional de Antropología e Historia emitió un reporte en el que refiere que este grupo privado no sólo fracasó en su intento de erradicación, sino que, además, provocó daños irreversibles en 52% de una zona arqueológica ubicada en las costas de dicha isla.

En el año 2013, la asociación civil “Ecología y Conservación de Islas AC” promovió ante el gobierno federal un plan para extraer de la Isla Espíritu Santo las cabras introducidas artificialmente por pobladores de Baja California Sur en siglos pasados, cuya proliferación amenaza en el presente la supervivencia de especies nativas tanto de flora como de fauna silvestres.

Las labores de extracción de cabras iniciaron en 2016 y, tal como en ese momento anunció la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), los trabajos estaban programados para concluir en tres meses (a razón de 80 cabras retiradas de la isla por semana); no obstante, los trabajos se han prolongado por más de dos años, con resultados adversos.

Los reportes oficiales entregados hasta la fecha a las autoridades mexicanas por el Grupo Ecología y Conservación de Islas AC reconocen que, en los dos años transcurridos, sólo han logrado retirar 193 cabras de la isla (en el año 2016), siendo que la población total de cabras está calculada en cerca de un millar.

El retiro de esas 193 cabras fue tan insignificante que, para el año 2017, se calificó como “prácticamente nula” la variación en el volumen de vegetación dañada por estos animales, como reconoció el mismo Grupo Ecología y Conservación de Islas en su plan anual de trabajo.

Sin embargo, el saldo más negativo de la intervención de este grupo privado en la Isla Espíritu Santo fue la destrucción de 52% de la zona arqueológica conocida como Ensenada La Raza o Ensenada El Gallo (identificada como J66 El Gallo II-3, en los catálogos del INAH), un antiguo punto de reunión humana –aprovechado en distintos momentos, entre el año 3000 ac, y el 1700 dc–, en donde los antiguos pobladores se reunían para recolectar y cocinar principalmente conchas de mar, pero también otras especies de flora y fauna, tanto acuáticas como terrestres, por lo que aquí se preservaban herramientas de piedra, restos de fogones con miles de años de conservación, y vestigios de la actividad humana ancestral.

Y esta fue, precisamente, la zona que el Grupo Ecología y Conservación de Islas eligió para montar su campamento, con casas de campaña, una cocina, un baño, una bodega, un corral para cabras capturadas, y diversas veredas para comunicar todos estos puntos.

Para poder instalar sus casas de campaña en esta zona arqueológica, los miembros del Grupo Ecología y Conservación de Islas removieron “sedimentos y materiales arqueológicos, con el fin de nivelar áreas”, así como para crear veredas por las cuales transitar, tal como consta en los reportes de daños arqueológicos causados en este sitio, elaborados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Además, al retirar la tierra para crear terraplenes en los que sus casas de campaña estuvieran niveladas, los integrantes de este grupo privado dejaron expuestos vestigios arqueológicos que, ahora, están a merced de procesos de erosión, “ya que el sedimento y la vegetación que los fijaban han sido removidos”.

En total, el área arqueológica afectada por la operación de este grupo privado en la Isla Espíritu Santo es de 3 mil 997 metros cuadrados, poco más de la mitad de la zona de vestigios.

Según los dictámenes del INAH, el daño ocasionado en este sitio arqueológico “es irreversible, ya que es imposible rehacer o recuperar la serie de situaciones de la vida cotidiana de sus habitantes y los procesos tafonómicos (es decir, los procesos de fosilización y sedimentación) que lo llevaron a tener la configuración que tenía antes de ser afectado”.

A dos años de que fuera detectada la afectación a este sitio arqueológico, el INAH informó que no ha realizado ninguna acción de preservación de los vestigios que sobrevivieron al paso del Grupo Ecología y Conservación de Islas.

El INAH detalló que no ha iniciado ninguna acción de recuperación, porque está a la espera de que el grupo privado que causó los daños le autorice a realizar esta labor de salvamento, esto, aún cuando el área natural protegida está bajo dominio de las autoridades mexicanas.

Tal como se desprende de la documentación oficial obtenida, a este grupo privado no se le ha exigido cubrir estos gastos en calidad de pago de multa, por una sencilla razón: aunque la ley establece responsabilidad penal y económica para quien dañe un monumento arqueológico, hasta la fecha, el INAH no ha presentado ninguna denuncia formal en contra del Grupo Ecología y Conservación de Islas AC por los daños ocasionados en la Isla Espíritu Santo.

Fuente: Animal Político / Paris Martínez 

Noticieros Cabo Mil / Redacción

Foto: Animal Político (Campamento del Grupo Ecología y Conservación de Islas montado -sin autorización del INAH- sobre el sitio arqueológico J66 El Gallo II-3)

 

 

 

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